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Escritor argentino e um dos renovadores da prosa latino-americana, mais tarde naturalizado francês, que deixou o país natal em ruptura com o peronismo. Em 1952, fixou-se em Paris, trabalhando para a UNESCO como tradutor. O seu livro de estreia foi um livro de poesias de influência simbolista, Presencia (1938, sob o pseudónimo de Julio Denis)). Porém, o seu campo de afirmação literária foi o da ficção — conto, novela, romance. A sua ficção — cuja notoriedade se afirma em definitivo com o romance Rayuela, de 1963 — frequentemente escolhe o domínio fantástico do chamado realismo mágico, não como forma de aventura, escape ou exotismo, mas como espaço onde, num assumido jogo literário, é possível acentuar as dimensões trágica, absurda ou grotesca da condição humana, pondo em causa, por vezes com sarcasmo, a existência de um sentido para a vida. Um dos contos da colectânea Las armas secretas (1959), serviu de base ao célebre filme de Antonioni, Blow-Up.

Bruxelas, 1914 – Paris, 1984

Obras
para além das citadas no texto:
Los Reyes (drama poético, 1949)
Bestiário (contos. 1951)
Final del juego (contos, 1956; 1962, muito aumentado)
Las armas secretas (contos, 1959)
Historias de cronopios y de famas (contos, 1960)
Los Premios (romance, 1960)
Todos los fuegos, el fuego (contos, 1966)
La Vuelta al día en ochenta mundos (romance, 1967)
El perseguidor y otros cuentos  (contos, 1967)
62 — Modelo para Armar (romance, 1968)
Ceremonias  (1968)
Último Round (1969)
Casa tomada (1969)
Viaje alrededor de una mesa (1970)
Pameos y Meopas (1971)
La isla a mediodía y otros relatos (1971)
Prosa del Observatorio (1972)
La casilla de los Morelli (1973)
Octaedro (contos, 1974)
El libro del Manuel (romance, 1974) – Prémio Médicis
Alguién que anda por ahi (contos, 1977)
Territorios (1978)
Queremos tanto a Glenda (contos, 1980)
Un elogio del tres (1980)
París. Ritmos de una ciudad (1981)
Deshoras (1983)
Los autonautas de la cosmopista (1983, com Carol Dunlop)
Negro el diez (1983)

Edições póstumas:
Argentina: años de alambradas culturales (1984)
El examen (1986)
Divertimento (1986)
Cartas desconocidas de Julio Cortázar (1992)
Obra crítica, 3 volumes (1994)
Diario de Andrés Fava (1995)
Adiós, Robinson y otras piezas breves (1995)
La otra orilla (1995)
Veredas de Buenos Aires y otros poemas (1995)
Los venenos y otros textos (1995)
Cuentos completos, 2 volumes (1996)
Cartas, 1937-1983, 3 volumes (2000)
Papeles inesperados (2009)
La Autopista del Sur (2010)

Obra literária: informação detalhada.
Entrevista a Júlio Cortázar em Paris.
Entrevista a Júlio Cortázar (1983).
Ano Cortázar na Argentina.
Documentário de Tristán Bauer (1994) – 1 – 2 – 3 – 4 – 5

TEXTOS E VOZ

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj (na voz de Júlio Cortázar)
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Instrucciones para dar cuerda al reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Instrucciones para subir una escalera al revés (na voz de Júlio Cortázar)
En un lugar de la bibliografía del que no quiero acordarme, se explicó alguna vez que hay escaleras para subir y escaleras para bajar; lo que no se dijo entonces es que también puede haber escaleras para ir hacia atrás. Los usuarios de estos útiles artefactos comprenderán, sin excesivo esfuerzo, que cualquier escalera va hacia atrás si uno la sube de espaldas, pero lo que en esos casos está por verse es el resultado de tan insólito proceso. Hágase la prueba con cualquier escalera exterior. Vencido el primer sentimiento de incomodidad e incluso de vértigo, se descubrirá a cada peldaño un nuevo ámbito que, si bien forma parte del ámbito del peldaño precedente, al mismo tiempo lo corrige, lo critica y lo ensancha. Piénsese que muy poco antes, la última vez que se había trepado en la forma usual por esa escalera, el mundo de atrás quedaba abolido por la escalera misma, su hipnótica sucesión de peldaños; en cambio, bastará subirla de espaldas para que un horizonte limitado al comienzo por la tapia del jardín, salte ahora hasta el campito de los Peñaloza, abarque luego el molino de la Turca, estalle en los álamos del cementerio y, con un poco de suerte, llegue hasta el horizonte de verdad, el de la definición que nos enseñaba la señorita de tercer grado. ¿Y el cielo? ¿Y las nubes? Cuéntelas cuando esté en lo más alto, bébase el cielo que le cae en plena cara desde su inmenso embudo. A lo mejor después, cuando gire en redondo y entre en el piso alto de su casa, en su vida doméstica y diaria, comprenderá que también allí había que mirar muchas cosas en esa forma, que también en una boca, un amor, una novela, había que subir hacia atrás. Pero tenga cuidado, es fácil tropezar y caerse. Hay cosas que sólo se dejan ver mientras se sube hacia atrás y otras que no quieren, que tienen miedo de ese ascenso que las obliga a desnudarse tanto; obstinadas en su nivel y en su máscara se vengan cruelmente del que sube de espaldas para ver lo otro, el campito de los Peñaloza o los álamos del cementerio. Cuidado con esa silla; cuidado con esa mujer.

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